domingo, 30 de marzo de 2008

50 AÑOS DE LA TUNA DE INDUSTRIALES

Ayer, día 29 de marzo del 2008, se celebró el cincuentenario de la fundación de la Tuna de Peritos Industriales de Madrid, la Tuna del Portillo (muy cerca del castizo portillo de Embajadores), y, según se nos informó a los asistentes, también se cumplían 50 años desde la fundación de la Escuela que alberga en la Ronda de Valencia los estudios actuales de Ingeniería Técnica Industrial.
Desde por la mañana, a las 12 horas del mediodía concretamente, comenzaron los actos, cuyo prólogo consistió en un pasacalles a lo largo de la calle de Postas, junto a la Plaza Mayor, que efectuaron las distintas Tunas de Ingenieros Técnicos Industriales que participaron en el certamen que organizó la Tuna de la Escuela del Portillo.
El ambiente lúdico y musical se entremezcló con el atractivo que, en general, para los turistas ejerce ver por la calle un grupo de bulliciosos jóvenes, ataviados con ropajes que recuerdan tiempos antiquísimos, y que entonaban canciones que hablaban de alegría, de cosas sin importancia (que son las cosas que más importan), y que alegremente hacían acompañar de notas emitidas por instrumentos de cuerda.
Hacia las 14 horas, y ya en la "intimidad" de las paredes de la Escuela, después de haber efectuado una entradilla a base de cerveza, se inauguró el almuerzo, al que asistió la plana mayor docente, los miembros de las diversas generaciones de tunos que por la escuela han pasado (al menos aquellos que pudieron asistir), los miembros de las Tunas participantes en el certamen-concurso, y algún allegado que otro.
A eso de las 16 o 16:30 horas (no puedo concretar exactamente la hora) comenzaron las actuaciones dentro de concurso, en el salón de actos de la Escuela; y hacia las 20:20 horas subió al escenario un grupo formado por Tunos, unos más antiguos que otros, vestidos la mayoría de ellos con los ropajes que actualmente utilizan: ropa de calle más o menos estricta, o elegante, o deportiva. Faltaban muchos; unos porque verdaderamente no habían podido acudir, y otros porque no quisieron. Entre los del primer grupo, se recordó durante la corta actuación a todos aquellos que verdaderamente pesan en su ausencia.
Lo importante no es saber cual fue la Tuna que ganó el concurso, sino que durante toda la jornada se produjo la convivencia entre amigos que, pese a no verse habitualmente, lo son por el sólo hecho de haber practicado el mester de tunería (un abrazo, fuerte abrazo, Emilius).

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